Salimos temprano en la mañana hacia Mayagüez. La carretera limpia de carros, solita para nosotros como si el Universo confabulara a nuestro favor.
Esto de hacerse estudios es de lo más “cool”. Cada máquina sabe lo que tiene que buscar y para donde debe mirar. Las pobres no tienen elección. Esa es la vida que les toco vivir. No como a nosotros. Nosotros podemos movernos, sacudirnos y cambiar. Elegir nuestro camino y por ende nuestro futuro. Crecer como seres humanos en todos los aspectos que queramos y ser entes de cambio en este gran planeta azul.
Pero mi máquina, la que me engulle ahora mismo como si yo fuera un twinkey, mi máquina suena idéntico a la batidora de mami y me recuerda esos ricos bizcochos que solo Doña Iris sabe preparar y me transporta a mi niñez y a un bowl lleno de merengue que Luiso y yo nos peleamos hasta la última gota…