Día 5
Hay un cupcake en la nevera. Me ha estado acompañando desde el primer día. El muy bandito es bello, pequeñito, rosadito con puntos de colores. Fue lo único que quedo como evidencia del día de preparación para mi encierro. Lo he dejado ahí como si fuera un salvavidas. Mi esperanza de sobrevivir en caso de emergencia radica en ese cupcake.
A la verdad que tengo una fuerza de voluntad envidiable, cada vez que abro la nevera, él está observándome, temeroso, casi lo puedo escuchar: “me va a comer, me va a comer, esta vez sí que me come” y yo tan “chuchú”, tan orgullosa y fuerte lo miro y lo ignoro, o más bien trato de ignorarlo por que la tentación siempre está presente.
Existen miles de tentaciones en esta vida pero el poder que tenemos de dominar nuestras acciones es insospechable, cuando verdaderamente ponemos todo nuestro corazón y nuestro empeño en que algo funcione no hay nada que nos pueda desviar de nuestro propósito.