Día 8
Hoy amanecí mucho mejor. Gracias a Dios me siento bien. Es como un milagro, o mejor dicho es UN MILAGRO. Que rico volver a sentir fuerzas para caminar y moverme de la cama. Bueno, en realidad regrese a ella luego del desayuno y no salí hasta la 11/2 P.M. y así como en un proceso de lenta transición me he ido acostumbrando nuevamente a estar en pie.
Meditando en como he pasado estos días, me parece asombrosa la capacidad del ser humano para salir adelante. Soy más fuerte de lo que creía y reflexiono en esto y me siento contenta y hasta cierto punto orgullosa de esa fuerza interior que Dios ha puesto en mí para con Su ayuda recuperarme.
Y pienso en un programa de talentos donde se busca un ídolo de la canción y en una de las participantes cuyo nombre es Aleyda. Aleyda es ciega y canta muy bonito. No he seguido el programa y no soy conocedora de música por lo que no puedo opinar con certeza si es o no la mejor de su grupo, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que es la más valiente.
Resulta que en el programa de hoy llevaron a los chicos a un trapecio. Basto verle la cara de angustia a alguno de los jóvenes cuando vieron el reto al que se tenían que enfrentar, pero Aleyda no, ella tranquila, sosegada, en total paz, y no creo que no supiera lo que le esperaba. Ella agarró la barra elegantemente y hecho su alma a volar. Ah!!! que sensación de libertad debió sentir, es que se notaba através de las cámaras su sensación de éxtasis, felicidad y gozo al lanzarse volando con aplomo y soltura en el gigante trapecio. Su acción provoco que uno de sus compañeros quisiera repetir el acto con los ojos vendados.
Que lección tan grande nos brindo Aleyda con su gesta. Nos confirma que no debemos tener miedo de arriesgarnos en la vida, que debemos ser fuertes ante la adversidad y que el triunfo es de los que se atreven a intentarlo y nunca se dan por vencidos, utilizando nuestra fuerza interior y poniendo en todo lo que hacemos alma, vida y corazón.